¿Qué es el esófago de Barrett y cómo se trata?

El esófago de Barrett es una patología adquirida que afecta al revestimiento del esófago. Este órgano es un tubo formado por tejido muscular y epitelio que conecta la faringe con el estómago. Se encarga de propulsar el bolo alimenticio para realizar la digestión.

Esta patología se suele asociar a la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Cuando el contenido ácido del estómago contacta de forma repetida con el revestimiento esofágico acaba produciendo daños en el mismo.

El problema de fondo es que el esófago de Barrett se considera una lesión precancerosa. Por eso, es una afección que es importante prevenir. En este artículo te explicamos todo lo que debes saber sobre ello.

¿En qué consiste el esófago de Barrett?

El esófago de Barrett es un trastorno que fue descrito por primera vez en 1957, por un cirujano británico que dio nombre al problema. Consiste en que el revestimiento del esófago se daña a consecuencia del reflujo ácido procedente del estómago.

De esta manera, este epitelio, que de forma normal es plano y de color rosado, se engrosa y se vuelve rojizo. Las células que lo conforman sufren cambios y dichos cambios se consideran precancerosos, ya que se incrementa el riesgo de desarrollar cáncer de esófago.

Las células precancerosas son aquellas que tienen displasia, que es un término que hace referencia a modificaciones en la morfología de las mismas. Cuanto mayor es el grado de displasia, más difieren de una célula normal. También aumenta el riesgo de que se conviertan en cancerígenas.

Según explica una publicación de la Clínica Cleveland, la prevalencia del esófago de Barrett es desconocida. Se estima que afecta en torno a un 1 % de la población. Sin embargo, por sí misma no produce síntomas. Por eso es tan complejo determinar su incidencia.

Síntomas del esófago de Barrett

El esófago de Barrett, como acabamos de señalar, no produce síntomas. Es una afección caracterizada por cambios celulares. No obstante, como la mayoría de los casos se relacionan con la enfermedad por reflujo gastroesofágico, son típicos los signos y síntomas de esta.

Por ejemplo, suele haber sensación de acidez o quemazón en el centro del pecho, la que suele extenderse hacia el cuello. También es frecuente la regurgitación de los alimentos y la dificultad para tragar. Muchos de estos padecimientos mejoran al colocarse erguido y empeoran al acostarse por la noche.

Las personas que tienen problemas de acidez o sufren enfermedad por reflujo gastroesofágico durante más de 5 años deben consultar con un médico. En especial si aparecen vómitos con sangre, heces oscuras o pérdida de peso. Pueden ser signos de alarma de cáncer de esófago.

Mucosa del esófago.
La mucosa del esófago no está preparada para recibir el ácido del estómago, por lo que el reflujo la daña.

¿Qué lo puede causar?

El esófago, como hemos señalado, es un tubo que conecta la faringe con el estómago. Al final del mismo hay una válvula llamada esfínter esofágico inferior. Se encarga de evitar el paso del contenido ácido del estómago hacia arriba.

Cuando este esfínter falla, el contenido ácido se adentra en el esófago, provocando la enfermedad por reflujo gastroesofágico. A medida que pasa el tiempo, este ácido puede dañar las células del revestimiento esofágico.

De esta manera, se cree que dicha enfermedad es la principal causa del esófago de Barrett. Sin embargo, hay personas que no sufren síntomas de reflujo y, aún así, presentan cambios celulares, en una condición que se describe como reflujo silencioso.

Factores de riesgo

Según explican los especialistas de la Clínica Mayo, hay una serie de factores que aumentan el riesgo de padecer esófago de Barrett. El primero es el sexo, ya que es más frecuente en hombres. La edad y la descendencia también son determinantes.

Esta afección suele presentarse en personas de caucásicas mayores de 50 años. Tener antecedentes familiares incrementa el riesgo de sufrir esófago de Barrett.

Del mismo modo, el tabaco es otro de los factores que se asocia. Por último, la obesidad y el sobrepeso también, pues aumentan la incidencia de la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

¿Cómo se diagnostica el esófago de Barrett?

El diagnóstico del esófago de Barrett no se puede realizar solo con un examen clínico. El pilar fundamental para el diagnóstico, tal y como explica la American Society for Gastrointestinal Endoscopy, es la endoscopia.

La endoscopia es una prueba que consiste en introducir un tubo a través de la boca, en dirección al esófago. Ese tubo consta de una pequeña cámara en su extremo que permite visualizar el interior del órgano. Las imágenes que se obtienen se ven en directo en una pantalla.

Mediante la endoscopia se puede comprobar si existe algún cambio en el aspecto del revestimiento esofágico. En el esófago de Barret el tejido suele ser rojizo y aterciopelado. Lo normal es que sea más pálido.

La ventaja de la endoscopia es que también permite obtener muestras de ese tejido para biopsias. Esas muestras se analizan en un laboratorio para observar cómo son las células que lo componen.

Los resultados de las biopsias se dividen en la siguiente clasificación:

  • Células sin displasia: no se observan cambios precancerosos.
  • Displasia de bajo grado: hay cambios, pero los mismos no son determinantes.
  • Displasia de alto grado: las células tienen muchas diferencias en comparación con las normales del esófago. Se considera que es la lesión con más riesgo de convertirse en cáncer.

Otra forma de realizar el diagnóstico del esófago de Barrett es la endoscopia por cápsula. El paciente se traga una pequeña cápsula que tiene una cámara de vídeo. A medida que circula por el aparato digestivo emite imágenes del mismo.

Tratamientos disponibles

El tratamiento del esófago de Barrett depende de cómo son las células que caracterizan la lesión. En algunos pacientes, cuando no hay displasia es posible solo el control rutinario.

Lo más usual es que se realice una endoscopia de seguimiento al año siguiente de detectar la patología. Si se sigue sin observar displasia, se volverán a realizar otras a los tres y cinco años.

Además, si el paciente presenta enfermedad por reflujo gastroesofágico, es probable que se instaure un tratamiento. La modificación de ciertos hábitos es crucial para controlar el reflujo. Hay que establecer una dieta y mantener el peso adecuado.

Tratamiento si hay displasia de grado bajo

La displasia de bajo grado también se considera una etapa inicial de cambios precancerosos a futuro. Por eso, se suele recomendar abordaje. No obstante, también es posible que se siga una conducta expectante y se repita la endoscopia en seis meses.

Existen diferentes opciones de tratamiento de la displasia de bajo grado. La primera es realizar una resección. Durante la endoscopia se introducen instrumentos que permiten retirar las células alteradas.

Otra opción es la crioterapia. Consiste en aplicar un líquido o gas frío sobre la lesión, que daña las células. Algo similar ocurre con la ablación por radiofrecuencia, solo que en este caso se utiliza calor para generar el daño.

Endoscopia para tratar el esófago de Barrett.
La endoscopia en el esófago de Barrett es diagnóstica y terapéutica, permitiendo un abordaje completo y hasta la toma de biopsias.

Abordaje en la displasia de grado alto

La displasia de alto grado debe tratarse siempre. Las opciones son similares a las de la displasia de bajo grado. Sin embargo, en estos casos también es posible que se recurra a cirugía. La idea es extirpar la parte lesionada del esófago y unir el extremo libre al estómago.

El problema es que el esófago de Barrett puede recidivar. Por eso suele ser necesario que haya visitas de seguimiento frecuentes. En algunos casos, también se recomiendan fármacos que ayuden a controlar la acidez estomacal, como los inhibidores de la bomba de protones.

Posibles complicaciones del esófago de Barrett

A lo largo del artículo hemos explicado que el esófago de Barrett se considera una lesión precancerosa. Se estima que 1 de cada 200 pacientes con esta patología desarrollará cáncer al año del diagnóstico.

No obstante, el pronóstico varía en función de cómo sean las células de la lesión. La displasia de alto grado es la que más riesgo presenta. Por eso, es fundamental establecer un tratamiento o un seguimiento para evitar la progresión.

El esófago de Barrett puede preceder al cáncer

Lo que debemos tener presente es que el esófago de Barrett se considera una lesión precancerosa. Consiste en una alteración del revestimiento de este órgano por el paso del contenido ácido del estómago.

Es fundamental realizar un estudio adecuado de las personas que tienen enfermedad por reflujo gastroesofágico. Detectar el esófago de Barrett de forma precoz ayuda a establecer un tratamiento y evitar su progresión a cáncer.

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